Entradas

LA FINCA

Una noche de enero en un castizo barrio de Madrid. Aquella noche invernal y lluviosa empezó como cualquier otra. Más allá del típico sospechoso de trapichear cerca de la boca del metro, que estaba ya a punto de cerrar, y algún conato de pelea —como todo viernes noche—, no habían atendido ningún aviso más. Por esa razón, llevaban un par de horas dando vueltas en el coche patrulla.    Apenas conocía a su compañero. Acababan de trasladarla allí, a la comisaria de aquel barrio, después de pasarse cinco años trabajando en la Brigada Central de Información. López parecía un tipo majo. Más o menos de su edad, año arriba, año abajo; poseía un carácter serio, buena planta y físico cuidado. Demasiado callado, quizá, aunque por lo poco que había extraído de su parca conversación debía de tener una vida estable y equilibrada.    —¿Cómo es que te han trasladado aquí?   Ella no se sorprendió por la pregunta en sí. En realidad, se sorprendió porque se trataba de la pr...

LA LEGIÓN DE LA MUERTE

Quizás en esa nueva madrugada queden esquirlas de la noche. Quizá lo que fue, lo sea siempre, y en ese mundo ignoto podré volver a verte. S ergio Ituero, Cornadas. Las horas de trabajo comenzaban a causar mella en su espíritu. Se miró al espejo tras lavarse la cara un par de veces y maldijo en voz baja. Su rostro había perdido el brillo. Resultaba más que evidente que aquella historia la había absorbido. Quizá demasiado.   Regresó a su escritorio y se sentó delante de su portátil. Después de seis meses trabajando en aquel páramo perdido de la antigua Germania ya casi había terminado su informe final. Cuando aterrizó allí, tras una infernal lucha con los patrocinadores de la excavación y con el departamento de arqueología del que todavía era profesora adjunta, supo de inmediato que aquel yacimiento no tenía nada de extraordinario. Un campo de batalla, espadas, lanzas, algún casco de legionario y huesos más o menos conservados. Hasta ahí todo normal. No era n...

L.I.F. LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD

En memoria de todos los españoles represaliados por sus ideas, creencias y opiniones. Las hojas caían, una a una, sobre el sendero que conducía a la parte antigua del cementerio. Hojas de tonalidad marrón, que se oscurecían con la humedad provocada por la suave llovizna que completaba, de una forma cuasi artística, aquella estampa otoñal.   Acostumbraba a visitarlo con frecuencia. No por ningún tipo de patología asociada a la necrofilia, ni mucho menos, sino por esa pasión que le poseía cada vez que transitaba por esos recovecos cargados de historias personales. Y de Historia, con mayúsculas.   Aquella tumba siempre le había fascinado. Se encontraba allí, impertérrita al paso del tiempo, como un manuscrito de piedra en medio de un océano de nombres, de fechas y de fotografías decimonónicas. Ajena, también, al hecho irrefutable de su abandono. Un par de ramilletes de flores secas encima del mármol, ajadas y consumidas por la intemperie, daban fe de ello. No pudo ...